My dear girl,
Some time ago, which feels like ages now, when I wasn't your mother yet but had been wishing to become it for a while, when I still used to write every day, I couldn't figure out how life would be with you. While pregnant, I of course cherished the baby I was carrying inside and the seed of that love that is now ever present and luminous already shined in me/us. I couldn't know how it would be like to have you outside and that's why I planned I would continue to work as much as I had before you. I am amazed now at how wrong and short-sighted I was and it strikes me as impossible that I couldn't see it before. Once you were in this outside world, it didn't take long for me to realize that full-time -or even part-time freelance self-employment (which always means working far more hours than what full-time usually means) was highly incompatible with parenting you in the way I so deeply felt I wanted to.
Due to our household economy and the impossibility of turning down my small projects such as book clubs and classes, I haven't had the chance to stay at home with you full time but nearly 3/4 of it, for which I feel really grateful. Now, I find it impossible to imagine how this could have been otherwise.
I cherish every moment we spend together and really empathize with your anxiety when I am about to leave for a class or meeting. Those hours we are apart are not many and never more than 1,75 h in a row. During them it is nearly always your father who stays with you, with very few exceptions when it was your cousin 18 years your senior. And yet, we both feel separation anxiety.
Despite the time when I used to attempt creative writing daily has been gone for a long time, some intimate feeling tells me all this time without setting pen to paper in the mood for writing in a "room of my own" with non-limited time will someday become fruitful, more fruitful maybe than the time I used to spend hours trying and discarding. As every spring, the bloom of almond trees seems to turn on a light for me. Their blossoms whisper the same old song, proof that whatever inspiration is it may wait for the right moment to come. Unlike T.S Eliot, I feel Spring is a season full of hope.
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martes, 6 de marzo de 2012
martes, 25 de octubre de 2011
Peces que se muerden las colas II
Y con este artículo, ahora sí, cierro una etapa para dar paso a un blog más dinámico donde daré cuenta de las actividades que hacemos mi hija y yo en el día a día. No digo que nunca más vaya a publicar un artículo de opinión, reflexión o similar, pero en general discurriré más acerca de educación que de crianza. Ha llegado un momento en que parece que siempre digo lo mismo, y no quisiera hacerme pesada...
Para despedir este bloque, dejadme expresar, a modo de resumen, algunas de las ideas que me vienen a la cabeza cuando pienso que somos minoría los que criamos con respeto y apego.
Una conocida que tiene dos hijos me comentaba hoy cómo con su primer hijo, que ahora tiene 4 años, llevó a cabo una crianza más bien convencional y no tenía buena relación con él. Al nacer su segundo hijo, su manera de entender la crianza cambió y se volvió mucho más respetuosa, cambios que aplicó, como es natural a su relación con el hijo mayor y su relación, dice, también mejoró. Ahora se entienden muy bien. Yo le he preguntado qué es lo que le hizo cambiar de perspectiva y su respuesta ha sido rotunda: tener tiempo.
Y sí, me parece que tener tiempo es algo esencial para criar a hijos sanos, llevando a cabo una relación saludable y respetuosa. Y precisamente, tiempo es lo que generalmente nos falta en nuestra sociedad y época.
Por falta de tiempo, multitud de bebés van a la guardería a una edad demasiada temprana y pasan en ellas demasiado tiempo. Por falta de tiempo, la introducción de alimentos y el destete se hacen a una edad demasiado temprana y de maneras no respetuosas. Por falta de tiempo, se ignoran necesidades vitales del bebé como la fusión emocional con uno de sus cuidadores. Y así podríamos seguir haciendo una lista.
El pez se muerde la cola porque para que el bebé pueda quedarse con alguien que no es la madre, deberá dejar de tomar pecho -si es que tomaba, claro-; en vez de alimentos sólidos, para los cuales los bebés humanos están preparados tomará papillas y triturados por mor de la falta de tiempo (a parte de por miedos varios). Por falta de tiempo, en definitiva, el bebé queda arrojado fuera de la fusión con la madre y expuesto, quien sabe, a situaciones en que no se respetan su naturaleza e individualidad.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Reflexiones acerca del apego...
Recientemente, al reemprender mi estudio de la literatura, que había quedado interrumpido al ser madre, he podido observar como nuevos matices enriquecían la lectura de obras clásicas. Da la casualidad que este año doy un seminario sobre premios Nobel en lengua inglesa y este mes, mientras preparo la sesión sobre la novela de Pearl S. Buck "The Good Earth", me ha sorprendido agradablemente descubrir que embarazos, partos, lactancia y crianza, fenómenos tan inherentes a la vida como invisibles, se encuentran narrados en grandes obras de la literatura.
Me hallaba absorta en cierto capítulo cuando unas cuantas líneas me han hecho detenerme y obligarme a escribir lo que ahora escribo. El protagonista de mi libro parecía resumir en pocas palabras aquello que yo hace meses que voy sintiendo en lo más íntimo: el apego con la propia cría, cuando se da, actúa como estímulo de un tipo de crianza, respetuosa, apegada, instintiva, que no se da cuando el desapego se ha instaurado desde el primer momento del nacimiento.
El personaje, un campesino chino trabajando en la ciudad después de una gran famina en el campo se ve en el dilema de vender a su hija de pocos años como esclava para así poder volver a su tierra o seguir en la ciudad, en condiciones miserables, pero conservando intacta su familia.
"I might have done it" (lo hubiera hecho), he mused (murmuró), "if she had not lain in my bosom and smiled like that" (si no la hubiese llevado en mis brazos y me hubiese sonreído como lo hacía).
El apego que se ha creado entre la bebé y su padre, el campesino, hace que le parezca inconcebible vender a su propia hija. Pero como él mismo expresa; si este apego no hubiese existido, la idea de venderla como esclava le parecería factible.
Salvando las enormísimas diferencias, he aquí el mensaje que en mi opinión expresa lo que es el apego.
Cuando un bebé nace de forma natural, sin que la madre sea drogada, cuando la lactancia se establece desde el principio, el bebé se mantiene junto a la madre (junto a los padres), es llevado en brazos a menudo y respetado en sus necesidades; se crea un vínculo tan estrecho que resulta difícil de romper. Es entonces cuando a menudo se plantea la posibilidad (en ocasiones peripécica) de llevar a cabo una crianza diferente a la más habitual en nuestra sociedad; una crianza sin guarderías ni abuelos canguro; sin biberones ni alimentación a marchas forzadas; sin rutinas de dormir estrictas porque al día siguiente hay que levantarse pronto para salir de casa. Una crianza, en definitiva, donde los padres (o almenos uno de los dos) se hacen cargo del bebé durante todo el día.
Cuando desde el primer momento ha habido separación, en cambio, es más difícil que el apego florezca.
Y, como si lo estuviese oyendo, se me dirá: "eso los afortunados que podéis". Bueno, claro, si este tipo de crianza no se plantea en el seno de la familia como una posibilidad, entonces no se puede.
Quien algo quiere encuentra la manera... y quien no lo quiere, encuentra la excusa.
P.S.
Aunque utilizo como símil el caso de la novela de Pearl S. Buck, no deseo para nada que se interprete que equiparo el hecho de vender a una hija como esclava con una crianza menos apegada de la que yo describo. Nada más lejos de mi intención juzgar a nadie.
Me hallaba absorta en cierto capítulo cuando unas cuantas líneas me han hecho detenerme y obligarme a escribir lo que ahora escribo. El protagonista de mi libro parecía resumir en pocas palabras aquello que yo hace meses que voy sintiendo en lo más íntimo: el apego con la propia cría, cuando se da, actúa como estímulo de un tipo de crianza, respetuosa, apegada, instintiva, que no se da cuando el desapego se ha instaurado desde el primer momento del nacimiento.
El personaje, un campesino chino trabajando en la ciudad después de una gran famina en el campo se ve en el dilema de vender a su hija de pocos años como esclava para así poder volver a su tierra o seguir en la ciudad, en condiciones miserables, pero conservando intacta su familia.
"I might have done it" (lo hubiera hecho), he mused (murmuró), "if she had not lain in my bosom and smiled like that" (si no la hubiese llevado en mis brazos y me hubiese sonreído como lo hacía).
El apego que se ha creado entre la bebé y su padre, el campesino, hace que le parezca inconcebible vender a su propia hija. Pero como él mismo expresa; si este apego no hubiese existido, la idea de venderla como esclava le parecería factible.
Salvando las enormísimas diferencias, he aquí el mensaje que en mi opinión expresa lo que es el apego.
Cuando un bebé nace de forma natural, sin que la madre sea drogada, cuando la lactancia se establece desde el principio, el bebé se mantiene junto a la madre (junto a los padres), es llevado en brazos a menudo y respetado en sus necesidades; se crea un vínculo tan estrecho que resulta difícil de romper. Es entonces cuando a menudo se plantea la posibilidad (en ocasiones peripécica) de llevar a cabo una crianza diferente a la más habitual en nuestra sociedad; una crianza sin guarderías ni abuelos canguro; sin biberones ni alimentación a marchas forzadas; sin rutinas de dormir estrictas porque al día siguiente hay que levantarse pronto para salir de casa. Una crianza, en definitiva, donde los padres (o almenos uno de los dos) se hacen cargo del bebé durante todo el día.
Cuando desde el primer momento ha habido separación, en cambio, es más difícil que el apego florezca.
Y, como si lo estuviese oyendo, se me dirá: "eso los afortunados que podéis". Bueno, claro, si este tipo de crianza no se plantea en el seno de la familia como una posibilidad, entonces no se puede.
Quien algo quiere encuentra la manera... y quien no lo quiere, encuentra la excusa.
P.S.
Aunque utilizo como símil el caso de la novela de Pearl S. Buck, no deseo para nada que se interprete que equiparo el hecho de vender a una hija como esclava con una crianza menos apegada de la que yo describo. Nada más lejos de mi intención juzgar a nadie.
sábado, 7 de mayo de 2011
El mundo al revés
Tras reflexionar en diversas ocasiones acerca del uso del lenguaje ligado a cuestiones de crianza, he llegado a la conclusión de que existen ciertas nociones mil veces repetidas que trastocan toda realidad. Una de ellas es la idea de mimar o consentir, de la cual me ocuparé en otro artículo.
Empiezo ahora por preguntarme "¿por qué tanta gente repite las mismas tonterías no procesadas del estilo llorar agranda los pulmones?". Las primeras veces que la oí, no pude evitar irritarme. ¿Cómo puede alguien creerse semejante tontería y, mucho menos, repetirla? Lamentablemente, no la oí tan solo una vez, ni siquiera un par o tres.
En un intento de argumentar la estupidez de tal dicho, pensaba en primer lugar en la poca credibilidad que tiene un enunciado como "llorar agranda los pulmones", y en el caso hipotético de que eso fuese verdad, ¿en qué iba a beneficiar a un bebé tener unos pulmones grandes en un tórax pequeñito?
Imaginaba que, en el mejor de los casos, la cargante repetición de dicha frase se debía a la voluntad de quitar importancia al hecho de que un bebé llore. En el mejor de los casos, repito, porqué en el peor podemos intuir la poca comprensión que existe hacia el llanto y la realidad de los bebés en general.
Los enunciados a que me refería al principio, repetidos hasta la saciedad por personas que, a mi parecer, nunca usaron sus cabezas para reflexionar sobre lo que dicen, ponen de manifiesto un código perpetuizado que justifica actitudes irrespetuosas para con l@s niñ@s.
Detrás del ejemplo irrelevante con que comenzaba mi reflexión, se esconde la creencia de que no existe necesidad de consolar el llanto; excusa para adultos disfrazada de beneficio para los bebés. Patrón que se repite en un sin número de otros casos.
No quisiera que se me tachase de no tener sentido del humor. Me imagino que muchas veces esta frase es dicha como un chiste... pero el mensaje está ahí y lo podríamos resumir como: no sólo no se intenta atender a las necesidades reales de los más pequeños, sino que posulamos que algo es por el bien de los pequeños cuando en realidad es por la comodidad de los adultos.
Veamos el caso del chupete, por ejemplo. De él se suele decir dos cosas, por lo general.
1) Que lo damos para evitar que se chupen el pulgar
2) Que actúa como calmante o ansiolítico
- Como refutación del primer argumento, cabe decir que el chupete se da en ocasiones en los primeros días del bebé -en el mejor de los casos, una vez ha cumplido un mes de vida-, cuando aún no se lleva las manos a la boca ni, por tanto, usa el pulgar como consuelo. Por otra parte, las manos, una vez descubiertas, son llevadas a la boca por prácticamente tod@s l@s bebés. Es normal que quieran experimentar su propio cuerpo. ¿Por qué ibamos a impedirlo? ¡Como si les hiciésemos un favor!
¿Por qué va a ser mejor chupar un plástico, impuesto a conveniencia del adulto, que el propio puño o pulgar a conveniencia del bebé?
- Como refutación del segundo argumento, el chupete actúa como calmante, sí, pero ¿porqué no vamos a la raíz de la ansiedad? Un bebé a quien se lleva en brazos gran parte del tiempo y a cuyas peticiones se atiende, no suele tener demasiada ansiedad. El chupete, no hay que olvidar, sustituye al pecho de la madre. Es muy posible que su auge se diera en tiempos en que la mayoría de bebés tomaba biberón. Sustituído el pecho como alimento, no hubo más remedio que encontrar otro sustituto del pecho como consuelo.
(Al llegar a este punto siento la tentación de alargar este escrito intentando dar respuesta a la pregunta "¿por qué parece casi tabú el uso del pecho como consuelo? A modo de respuesta rápida, me viene a la cabeza la relación problemática que tenemos los humanos con nuestro ser animal... pero desarrollar esa reflexión me llevaría otro artículo...)
A mi modo de ver, queda refutado que el chupete sea usado en beneficio del bebé, más aún si a las razones expuestas sumamos la clásica explicación de "el chupete lo podemos retirar cuando queramos, en cambio el pulgar lo tendrá siempre a mano -y nunca mejor dicho-". Si se me permite añadir, mi opinión es que este razonamiento tantas veces usado obedece a una manera poco respetuosa para con l@s niñ@s. Pretendemos que usen chupete a conveniencia nuestra y encima que lo dejen cuando nosotros queramos... ¡Menuda injusticia!
Empiezo ahora por preguntarme "¿por qué tanta gente repite las mismas tonterías no procesadas del estilo llorar agranda los pulmones?". Las primeras veces que la oí, no pude evitar irritarme. ¿Cómo puede alguien creerse semejante tontería y, mucho menos, repetirla? Lamentablemente, no la oí tan solo una vez, ni siquiera un par o tres.
En un intento de argumentar la estupidez de tal dicho, pensaba en primer lugar en la poca credibilidad que tiene un enunciado como "llorar agranda los pulmones", y en el caso hipotético de que eso fuese verdad, ¿en qué iba a beneficiar a un bebé tener unos pulmones grandes en un tórax pequeñito?
Imaginaba que, en el mejor de los casos, la cargante repetición de dicha frase se debía a la voluntad de quitar importancia al hecho de que un bebé llore. En el mejor de los casos, repito, porqué en el peor podemos intuir la poca comprensión que existe hacia el llanto y la realidad de los bebés en general.
Los enunciados a que me refería al principio, repetidos hasta la saciedad por personas que, a mi parecer, nunca usaron sus cabezas para reflexionar sobre lo que dicen, ponen de manifiesto un código perpetuizado que justifica actitudes irrespetuosas para con l@s niñ@s.
Detrás del ejemplo irrelevante con que comenzaba mi reflexión, se esconde la creencia de que no existe necesidad de consolar el llanto; excusa para adultos disfrazada de beneficio para los bebés. Patrón que se repite en un sin número de otros casos.
No quisiera que se me tachase de no tener sentido del humor. Me imagino que muchas veces esta frase es dicha como un chiste... pero el mensaje está ahí y lo podríamos resumir como: no sólo no se intenta atender a las necesidades reales de los más pequeños, sino que posulamos que algo es por el bien de los pequeños cuando en realidad es por la comodidad de los adultos.
Veamos el caso del chupete, por ejemplo. De él se suele decir dos cosas, por lo general.
1) Que lo damos para evitar que se chupen el pulgar
2) Que actúa como calmante o ansiolítico
- Como refutación del primer argumento, cabe decir que el chupete se da en ocasiones en los primeros días del bebé -en el mejor de los casos, una vez ha cumplido un mes de vida-, cuando aún no se lleva las manos a la boca ni, por tanto, usa el pulgar como consuelo. Por otra parte, las manos, una vez descubiertas, son llevadas a la boca por prácticamente tod@s l@s bebés. Es normal que quieran experimentar su propio cuerpo. ¿Por qué ibamos a impedirlo? ¡Como si les hiciésemos un favor!
¿Por qué va a ser mejor chupar un plástico, impuesto a conveniencia del adulto, que el propio puño o pulgar a conveniencia del bebé?
- Como refutación del segundo argumento, el chupete actúa como calmante, sí, pero ¿porqué no vamos a la raíz de la ansiedad? Un bebé a quien se lleva en brazos gran parte del tiempo y a cuyas peticiones se atiende, no suele tener demasiada ansiedad. El chupete, no hay que olvidar, sustituye al pecho de la madre. Es muy posible que su auge se diera en tiempos en que la mayoría de bebés tomaba biberón. Sustituído el pecho como alimento, no hubo más remedio que encontrar otro sustituto del pecho como consuelo.
(Al llegar a este punto siento la tentación de alargar este escrito intentando dar respuesta a la pregunta "¿por qué parece casi tabú el uso del pecho como consuelo? A modo de respuesta rápida, me viene a la cabeza la relación problemática que tenemos los humanos con nuestro ser animal... pero desarrollar esa reflexión me llevaría otro artículo...)
A mi modo de ver, queda refutado que el chupete sea usado en beneficio del bebé, más aún si a las razones expuestas sumamos la clásica explicación de "el chupete lo podemos retirar cuando queramos, en cambio el pulgar lo tendrá siempre a mano -y nunca mejor dicho-". Si se me permite añadir, mi opinión es que este razonamiento tantas veces usado obedece a una manera poco respetuosa para con l@s niñ@s. Pretendemos que usen chupete a conveniencia nuestra y encima que lo dejen cuando nosotros queramos... ¡Menuda injusticia!
lunes, 25 de abril de 2011
Confiemos en nuestros bebés
Quién no se ha fijado en que al nacer los bebés tienen un claro instinto de supervivencia. Colocados sobre el pecho, buscan hasta encontrar el pezón de donde succionar; se agarran con fuerza a cualquier cosa que se les acerque a las manos para no caerse, duermen cuando están cansados y despiertan cuando tienen hambre. Observamos unos días más allá y muchos bebés lloran al ser colocados en una cuna, o bien se despiertan al poco rato de ser colocados en ella. En cambio, si son llevados en brazos o junto al cuerpo pueden pasarse horas durmiendo apaciblemente.
Muy pronto, en ocasiones ya al nacer, se les empieza a alterar su sabiduría instintiva. Se les da un chupete cuando lloran, se les retira del pecho cuando llevan demasiado rato o se han dormido, se les convence de que una superficie plana es el mejor sitio para dormir. Empieza ahí, en mi opinión, un proceso larguísimo de ir alejando a los bebés, más tarde a l@s niñ@s de un saber innato que al llegar a la edad adulta hemos perdido por completo.
Confiar en nuestros bebés es la mejor guía para cuidar de ell@s. Confiemos en que se retirarán del pecho cuando su hambre -física o emocional- esté saciada. Confiemos en que no van a llorar por capricho, sinó como expresión de alo que pasa.
Esta confianza puede enseñarnos muchísimo. Ellos saben, mejor que nadie, lo que les conviene, pero hay que estar dispuestos a escuchar, observar y ser pacientes.
Muy pronto, en ocasiones ya al nacer, se les empieza a alterar su sabiduría instintiva. Se les da un chupete cuando lloran, se les retira del pecho cuando llevan demasiado rato o se han dormido, se les convence de que una superficie plana es el mejor sitio para dormir. Empieza ahí, en mi opinión, un proceso larguísimo de ir alejando a los bebés, más tarde a l@s niñ@s de un saber innato que al llegar a la edad adulta hemos perdido por completo.
Confiar en nuestros bebés es la mejor guía para cuidar de ell@s. Confiemos en que se retirarán del pecho cuando su hambre -física o emocional- esté saciada. Confiemos en que no van a llorar por capricho, sinó como expresión de alo que pasa.
Esta confianza puede enseñarnos muchísimo. Ellos saben, mejor que nadie, lo que les conviene, pero hay que estar dispuestos a escuchar, observar y ser pacientes.
lunes, 4 de abril de 2011
Sustitutos de la madre
A menudo ocurre que antes de tener una experiencia en carne propia no somos capaces ni de imaginar lo que será. En mi caso, antes de la maternidad no había cuestionado la existencia de objetos que en el imaginario colectivo (moderno) se presuponen como inherentes a la infancia: cunas, cochecitos, biberones, chupetes... De hecho, aunque no había comprado prácticamente nada para el bebé que iba a tener, me habían pasado y regalado muchas cosas, entre ellas más de un moisés. Cual sorpresa no fue para mí descubrir que mi instinto me guiaba más que cualquier forma de crianza perpetuada por los medios modernos (la tele básicamente). Desde el primer contacto con mi hija, supe que no iba a utilizar un chupete ni un biberón, ambos sustitutos de la madre. A base de experiencia, unas semanas más tarde descubrí que tampoco deseaba usar el cochecito ni el moisés. Un portabebés y nuestra cama eran ideales. El contacto contínuo con mi hija era además de una necesidad fruto del deseo.
Empecé a plantearme entonces porqué tantos objetos relacionados con la infancia parecen imperiosamente necesarios y se ven por doquier. El bebé es feliz succionando. La teta está diseñada por la naturaleza para esa función. La necesidad de alimento la puede colmar la teta, la necesidad de succión también. ¿Por qué entonces parece que no pueda haber bebé sin chupete y/o biberón?
En mi opinión, en primer lugar, porqué se nos han vendido desde hace años las ideas de independencia y liberación. Niños autónomos, madres independientes, liberadas... Todo ello una trampa enorme ya que no hay niño autónomo si no se ha satisfacido antes sus necesidades de dependencia. No hay madre liberada si acaba viendo en los que la sustituyen (ya sean personas u objetos) figuras que le arrebatan una parte de su ser.
En segundo lugar, porqué en un mundo capitalista-consumista se tiene que vender y qué sería el mercado si todos los padres que tienen un bebé se negasen a comprar chupetes, biberones, leche en polvo, cochecitos, cunas... (y actualmente incluso vacunas adicionales).
Personalmente, que iba a prescindir totalmente de los sustitutos de la teta se me presentó como una visión clara y nítida al principio mismo del postparto. Ahora, pasados tres meses del nacimiento de mi hija, puedo decir firmemente que de los sustitutos de los brazos y del contacto físico también prescindo.
En tercer y último lugar, y este lo digo en voz un poquito más baja, porqué alrededor de la crianza de un hijo hay muchos opiniólogos que con sus consejos no solicitados incitan a madres y padres jóvenes a creer que los sustitutos de la madre son necesarios. Necesidades creadas, vaya...
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